Mi?rcoles, 11 de junio de 2008

Por Ernesto Borges Pérez

Él estaba, sentado en el auto como uno más. Era la primera vez que participaba en una detención, aunque quería aparentar serenidad, era víctima de los temores propios de un novato que se iniciaba en la polémica actividad de los sonidos secretos de su país. Sabía que ese día no sólo se detendría a aquel sospechoso que acechaba, sino que ejecutarían un registro público en su residencia. Era necesario localizar las armas que el sujeto y sus cómplices pretendían utilizar en el atentado contra el presidente de la república.

Su inexperiencia en la policía secreta le impedía comprender que esa operación de captura representaría un prestigioso aval en su naciente carrera profesional; pero no pudo calcular cuanto significaría ese día en su vida como hombre y patriota.

Estaba sentado detrás del chofer junto a su oficial instructor, al timón y a la derecha se encontraban dos oficiales experimentados del Buró de Casos Especiales. Nadie quería errar el caso, era delicado y los jefes seguían cada detalle de aquella batida operativa en la que detendrían simultáneamente a siete personas en diferentes puntos de la capital.

Después de más de 20 días de búsqueda y recopilación desesperada de información sobre los “francotiradores” había llegado la hora de abortar el siniestro plan de asesinato. La temían en el colectivo de investigadores, había llegado al limite permisible, las presiones de “arriba” eran colosales, apremiaba una respuesta inmediata; el presidente del país no podía correr peligro.

Por supuesto ante la ingeniosidad de los autores intelectuales del proyecto homicida y “las características personales” de algunos de los implicados no descartaban que tuviese lugar una encarnizada lucha entre los criminales y las fuerzas del operativo. Se sabía además de la existencia de un armamento “numeroso” en poder del enemigo político.

Los tripulantes del auto observaron una vez más las fotos del encartado y sus colaboradores. Uno de los oficiales experimentados recomendó que debieran ser muy sagaces pues por lo general las fotos de sus presas no se correspondían con la fisonomía de los individuos en el momento de la detención.

El cerco secreto de la casa se había instalado con dos días de antelación, pero el grupo que actuaría llevaba tres horas en las calles laterales que conducían a la apartada finca, donde residía el principal sospechoso y sus familiares cercanos. En esta operación participarían 25 efectivos de los servicios de seguridad, información no confirmada apuntaba la presencia de más de 5 personas en la casa.

A las 05:30 a.m. les transmitieron por walkie-tolkie la señal con la luz verde para irrumpir el lugar. Los tripulantes del auto chequearon sus armas y se dispusieron a penetrar a la finca por la puerta principal, el resto cubriría los flancos y todas las posibles salidas del lugar. La puerta de la casa fue franqueada sin dificultad, logrando la ocupación total del inmueble en menos de dos minutos. La sorpresa surtió su efecto en los residentes. No hubo resistencia, todos dormían.

Se encontraban allí la abuela, el abuelo paralítico en su cama y una tía del sospechoso principal, quien a su vez fue sorprendido por el joven oficial en un pequeño cuarto de desahogo al fondo de la casa. El registro comenzó con las primeras luces del amanecer, el novato recordaría siempre después el amanecer como uno de los más tristes de su vida.

A medida que penetraban los primeros rayos de sol y que bajaron las tensiones de todos los presentes, el “Iniciado” pudo deparar en los detalles del hogar ocupado y de sus inquilinos. La luz del día devela una dolorosa realidad.

La casita era toda de madera, vieja, desvencijada, el deterioro en general de la casa y sus muebles denunciaban una miseria imponente, a los dos cuartitos les faltaban trozos de madera en las paredes y en el techo. Allí habían sellado los agujeros con nylon, de esos que sirven parar almacenar productos fertilizantes. No tenían televisor, refrigerador, ni ventilador, sólo poseían un radio viejo de origen norteamericano que aún funcionaba. El sospechoso dormía en un cuartucho de desahogo que se asemejaba por sus dimensiones a una letrina rústica hecho de cartón, trozos de madera y pedazos de planchas de zinc. Allí tenía como cama un pedazo de poliespuma de los que se utilizan para proteger los refrigeradores en su embalaje, como propiedad personal atesoraba una foto de la boda de sus padres, los dos fallecidos cuando el tenía 2 años en un trágico accidente de tránsito: un pantalón viejo y una camisa zurcida muchas veces. Poseía un par de tenis viejo y remendado, no tenía calzoncillos, ni medias. Usaba como cinto un cordel plástico a pesar de contar con sólo 23 años, al igual que el joven oficial, el detenido no aparentaba menos de 30 ó 35 años. Junto a su tarjeta de identidad se encontraba un certificado médico que hablaba de serio deterioro psicológico, indicando como tratarlo y a que dependencia hospitalaria remitirlo en caso de sufrir una “crisis”.

También estaba allí una maltratada, pero nueva en cupones, libreta de racionamientos. Como era de suponer en aquel sitio no se halló nada que apuntara sobre un macabro plan de atentado contra el presidente de la República que no fueran las miradas acusadoras y hambrientas de cuatro personas desamparadas. Nada impidió que aquel joven trastornado fuese llevado a prestar declaración en el órgano judicial. Entonces se supo como un confidente de los servicios secretos convirtió en un complot criminal el sueño de ese infeliz.

Cuando el aprendiz y su oficial entrenador se dirigieron a sus oficinas en horas de la tarde, el joven no pudo evitar preguntar:

-¿Viven así los opositores del gobierno?

Su experimentado tutor y colega trago en seco, encendió un cigarrillo y le contesto casi en un susurro:

-¡La mayoría! - Luego le agregó -¡No te desanimes muchacho, tú has sido preparado para enfrentar al enemigo inteligente, para eso existen oficinas especializadas, ¡Mientras tanto gana experiencia! ¡No olvides que un hombre confundido puede ser peor que un enemigo confeso!

-¿Aunque su confusión surja después de vivir 23 años bajo este gobierno y en esa miseria? Le preciso el aprendiz, con manifiesto interés.

-¡Sí! Le respondió con firmeza el interlocutor

Fue duro, pero el aprendiz comprendió que estaba sirviendo en el lado equivocado.

 

 


Publicado por buenavistavcuba @ 20:56
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Publicado por Invitado
S?bado, 14 de junio de 2008 | 14:25
ahora fue que te descubrimos. ahi te pusimos un link. los miquis
Publicado por rob ferranti
Martes, 17 de junio de 2008 | 8:46
hola soy italiano, la semana pasada he hizo una entrevista video a Lizeth Bravo Vera diretora de APLOPress a Santiago y a Yoani Sanchez a la Habana:
http://laislagrande.blogspot.com
saludos Rob Ferranti
Publicado por buenavistavcuba
Martes, 17 de junio de 2008 | 20:20
Me interesa la informacion sobre APLOPRESS, como estan alla en Santiago demasiado distante de la capital.
Publicado por buenavistavcuba
Martes, 17 de junio de 2008 | 20:22
Me interesa la informacion sobre APLOPRESS, como estan alla en Santiago demasiado distante de la capital.