Lunes, 02 de junio de 2008

Yosvani Anzardo Hernández.*

La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame!, ¡Dame! .Tres cosas hay que no se hartan y una cuarta que nunca dice: ¡basta! El abismo, la matriz estéril, la tierra que el agua no puede saciar, y el fuego que nunca dice: ¡basta! Proverbios 30

Holguín, Cuba ,8 de mayo 2008 – A decir de mi padre, mi madre fue una niña prodigio, porque quedó embarazada a los trece y a los catorce nací yo. Es su forma de decir que sus hijos son una obra de arte ¡y claro!, yo no lo discuto, pero la gente discreta dice que más bien fue un tanto precoz, por lo que le salé la adolescencia, y al menos eso pienso yo, aunque ella no lo crea, y es que fue obligada a asumir responsabilidades antes de tiempo.

No hay nada absolutamente malo, aunque se le acerque, tampoco hay nada absolutamente bueno, aunque lo parezca.

El parasitismo es una realidad de nuestro entorno y no me refiero a los oxiuros que se divierten haciéndole cosquillas en el ano a la gente, ni a las giardias que son plantilla fija en nuestras aguas, porque estos tienen solución, afortunadamente los antiparasitarios no faltan en Cuba y recomiendo como muy efectivos los de origen natural.

Hablo de un parasito mayor, porque la verdad es que todo tiene su encanto y es que las giardias serán malas, pero no existe mejor método para bajar de peso que hacer una dieta de buenas giardias, como tampoco nada ha de producir mayor voluptuosidad que una pandilla de oxiuros bien ubicados.

Para determinar quién o qué es un parasito lo único que hay que hacer es ver si vive de alguien o si por el contrario produce y entonces alguien vive de él.

Otra característica de los parásitos es que nunca saben cuando parar, aunque entiendan que la muerte de su hospedero puede representar la muerte de ellos, no importa, la asumen. Tampoco les gusta compartir con otros parásitos, o sea son de partido único, no por ideología, de la cual carecen, sino por mentalidad.

No es el cubano quien vive del estado, sino al revés, pues no es el estado quien produce sino por el contrario, es quien obstaculiza.

Es cierto que una sangría hecha con la sanguijuela puede disminuir la presión arterial en determinado momento, pero si se lo permites, no cesará hasta matarte.

Mientras la sanguijuela se hace poderosa, su pueblo empobrece y llega a creer que no es él el parasito ¿auto complacencia? No. Engañarse es engañar cuando tus actos afectan a otros. Y con el engaño hemos adquirido una especie de enfermedad de la cadena pesada y hasta padecemos un linfoma abdominal difuso y un síndrome de mala absorción, pero en lugar de un tratamiento con corticoides, fármacos citotóxicos y antibióticos de amplio espectro, lo que necesitamos es libertad.

“…por los delitos de un país son muchos sus gobernantes, pero con un hombre inteligente y sabio, el orden dura. Hombre perverso que oprime a los pobres es lluvia devastadora que priva de pan. Cuando los justos gobiernan el pueblo está alegre, cuando dominan los opresores, el pueblo gime”, proverbios sí, de muchos siglos y tan actuales como un recién nacido.

Y esto le hace saber Dios a mis hermanos: “…si te has ligado por las palabras de tus labios, si estas preso por tu misma boca, haz pues esto hijo mío, para librarte, porque has caído en las manos de tu prójimo. No des ni sueño a tus ojos, ni reposo a tus parpados; líbrate, como de la red la gacela, y como el pájaro de la trampa”, y es por ello que digo yo: hay tres cosas que creo y una cuarta que hoy comprendo. La independencia del yugo exterior no ha de exigir mi esclavitud, el silencio no hace justa la agonía, la mentira no salva: humilla, y la impotencia cierra puertas, las mismas, que abre a otros.

Si por no ser parte de la sanguijuela lo soy del hospedero, para que no muera el último, no cederé mi sangre, precisamente, a la sanguijuela.

 *Periodista independiente cubano. 8 de mayo de 2008

Fuente: Payo Libre.

 

 

 


Tags: Cuba, derechos, libertad

Publicado por buenavistavcuba @ 10:58
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