Lunes, 26 de mayo de 2008

Por: Yosvani Anzardo Hernández.*

Holguín, Cuba, mayo 2008 – Cada cierto tiempo nace un hombre o una mujer de un huevo de caimán. Todos los días y desde siempre nacen hombres y mujeres dentro y fuera de Cuba portando en su pecho el huevo del caimán, y así andan por el mundo, los que andar pueden. Como todo huevo, espera su tiempo para la eclosión: en unos nace primero, en otros vendrá después. Los que nunca han sentido el coletazo dentro del pecho, busquen en sus vidas y encontrarán que de alguna forma sienten algo por el caimán o han vivido cerca de él sin saberlo.


Va siendo hora hermanos de despertar al caimán dormido en nuestros pechos porque eso es Cuba, un gran caimán que repartió por el mundo a sus hijos y hoy los llama a su seno. Cuba clama por sus hijos y los necesita unidos en un abrazo. El beso de la patria, es para todos.

Entre nosotros hay quienes se sienten Yacarés por estar sus vidas muy ligadas a sur América, o cocodrilos con visión nacionalista y menos cosmopolitas, pero somos todos una misma especie.

La corneta mambí llama a reunión, y el objetivo es proponernos no volver en el futuro a escuchar el repicar de la campana de La Demajagua llamando a los esclavos para iniciar la lucha, porque en Cuba, nunca más habrán esclavos.

Esclavos, hermanos, gente que trabaja por un sustento mísero, que son humillados y bajan la cabeza, que son arreados en masas. Dijo Goethe: “Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”. Tampoco volveremos a abandonar al padre de la patria. Céspedes nos llama a fila, el mismo que dejamos solo en San Lorenzo, que lloró por todos los cubanos por no llorar un hijo. Somos pues, hijos del sacrificio del hombre con el amor por los hombres, de mujeres con la voluntad de las mujeres, de hombres y mujeres con los sueños y la pasión de la utopía, del genero por la supervivencia: “…es la hora del recuento unido”, grita Martí.

Se necesitaron siglos para la formación de nuestra identidad y antes que nosotros, hombres y mujeres de otras tierras lucharon por esta, la nuestra. Hatuey fue derrotado en el extremo oriental del país en 1512, nuestra actual bandera nacional fue enarbolada por primera vez en 1850 por el venezolano Narciso López y no fue sino dieciocho años después que la campana llamó a los esclavos a combatir y ser libres. Se necesitó tiempo, como tiempo hemos necesitado nosotros y no ha sido en vano, hemos aprendido, hemos pasado la prueba, no habrán más falsos dioses en el altar de la patria.

Cambio sí, cambio aquí, donde las palmas se han vuelto solitarias y en el cielo se ha perdido el horizonte. Cambio aquí, donde la tierra ya no es más del guajiro y de su seno no brotan más que sueños. Cambio donde vida se escribe con letras grises, el dolor es rojo y la esperanza se refleja en los ojos cristalinos y expectantes de hombres, mujeres y niños que como seres condenados por delitos de omisión esperan el perdón por lo que no hicieron y la confianza por lo que aún son capaces de hacer. No seremos redentores del tiempo al mirarnos de frente ni lo lograremos porque seamos mejores, tan solo nuestro tiempo ha llegado y así lo ha querido Dios. Pero eso sí, ganaremos el derecho de mirar el futuro reflejado en el rostro de nuestros hijos, sabremos qué decir cuando nos pregunten: ¿y tú que hiciste papá?

Cuando el fango mancha nuestras blancas franjas acuso al vil que se regodea en el falso humanismo. Mejoraremos lo no malo haciendo distinción de luces y sombras, tomando partido sólo al lado del sentido común. “¿Y tú que hiciste papá?”. Me até a mi conciencia hijo para que Dios atara la esperanza al cielo, luché contra todos y por todos, me hice esclavo de mi mismo para no seguir esclavo de otros, estuve dispuesto a dar mi vida con dignidad para no tener que escuchar la pregunta un día: ¿Y tú que hiciste papá?

*Periodista independiente cubano.

Fuente: Payo Libre.

 


Tags: Cuba, Padres e Hijos

Publicado por buenavistavcuba @ 7:19
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