Jueves, 13 de septiembre de 2007
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Ahora que est? de moda criticar a los viejos cubanos, vale la pena abrir el ?lbum familiar. Ah? est?n bajando del avi?n, en los a?os 60, con sus ropas de domingo y una sonrisa nerviosa, todav?a mojada por las l?grimas de la partida. La sonrisa de los n?ufragos. La sonrisa fr?gil y encubridora de los expulsados del reino. Y el equipaje m?nimo, confuso, in?til, porque nadie sabe qu? ropas necesita vestir en otra vida.

Si hay grados en el dolor, esa ola inicial de exiliados del castrismo ser?, sin duda, la m?s dolorosa de nuestra historia. Con todas las taras de un inmaduro contexto c?vico fue la generaci?n cubana m?s pr?spera, creativa, democr?tica y feliz. Por supuesto, esa Cuba no era un para?so. Sin embargo, al cabo de medio siglo, es la ?nica aproximaci?n al para?so que podemos citar.

Puestos a sacar cuentas, admitamos que hac?a falta una revoluci?n. Hoy, hace falta diez. En 1959, se trataba de tener una pol?tica a la altura de las virtudes nacionales. Ma?ana, nos daremos golpes en el pecho si encontramos la naci?n. Si la naci?n quiere elevarse a su antigua virtud.

A muchos, sobre todo a los j?venes, les cuesta entender que en la d?cada de 1950, incluso con la dictadura Batistiana, Cuba era un mejor lugar para vivir que Estados Unidos. En lo social. En lo econ?mico. En lo humano. Acostumbrados a una cultura mediterr?nea en todo su esplendor y tolerancia, con una creciente permeabilidad entre clases, razas y credos, no es dif?cil imaginar el desgarramiento, el temor y la amargura de aquellos exiliados que al buscar apartamento tropezaban con un letrero de "No Cubans. No Pets."

La m?s pujante clase media de Am?rica Latina recogiendo tomates en Homestead. Un exquisito caudal derrochado en los pantanos de la Florida. Cierto que no ten?amos democracia. No menos cierto que, fuera de la esfera pol?tica, exist?an unos sorprendentes espacios de solidaridad, bienestar social y desarrollo educacional imposibles de hallar entonces en la escena norteamericana m?s all? de muy pocos grandes centros urbanos. Miami, que hoy es un campo de contradicciones, era un campo a secas.

El rencor desfigura. Y el rencor de esos exiliados suele ser ciego, arrollador y encarnado. Me lo explico perfectamente. Yo perd?, en 1980, una Cuba que pudo haber sido. Ellos perdieron una Cuba que "ya" era. Y que nunca volver? a ser. La diferencia es abismal. Para contar esa cat?strofe no bastan las coordenadas al uso. En cada hogar late una tragedia, una irresuelta y ramificada herida. Esa primera d?cada de refundaci?n a partir de cero debi? constituir una descomunal prueba para un pueblo que ya casi ten?a en sus manos un porvenir envidiable. Basta mirar las ruinas para comprobar lo que estaba en pie.

Pasamos la p?gina del ?lbum y vemos a nuestros h?roes con carro del a?o, casa propia y los hijos a punto de entrar a la universidad. La bonanza de un lento sacrificio. Y las arrugas prematuras. Y la consternaci?n de las ilusiones que se fueron en sobrevivir con dos trabajos. En morderse la lengua en ingl?s y espa?ol. En poner las dos mejillas muchas veces. Ya perdida la esperanza de volver. Es natural, pues, que odien a Fidel con sa?a inmisericorde y fan?tica. Y que ese odio con frecuencia paralice su raz?n. Porque la raz?n que les toca comprender es salvajemente injusta.

En la estridencia de sus denuncias, en sus banales suspicacias, en su renuencia a tender civilizadas trampas contra un adversario brutal, se revela una insondable y alevosa mutilaci?n. De ah? tambi?n su fuerza. De ah? su debilidad. En el bosque de la pol?tica local y nacional van dejando un rastro de f?ciles votos. Y los demagogos no tardan en hallar
su rastro. Si alguien les promete castigar la tiran?a, ellos le extienden un cheque en blanco. Abandonados por la opini?n p?blica, hartos de clamar en el desierto, no han sabido evitar que sus estafadores sean sus voceros, o viceversa. As?, de la quimera al desenga?o, se aferran a la recreaci?n dom?stica de un diluido ideal nacional. Su rabia es su tesoro. Su inocencia es su castigo.

Sobre esos hombros encorvados se levanta una callada y preservadora lecci?n. Del pastel de guayaba a la devoci?n constitucional, del taburete a la guayabera, esas canas coronan una larga batalla por nuestra identidad. Acad?micos, campesinos, comerciantes, artistas,
m?dicos, p?caros y m?rtires, so?adores y pragm?ticos, ricos y pobres, restituyeron a la naci?n el patrimonio dilapidado por Fidel.

A ratos, el pa?s de sus sue?os es m?s concreto que el pa?s real. Ellos guardaron la receta y recordaron la canci?n. Ra?z de roble y piedra de toque.

En la ?ltima p?gina del ?lbum, con el cuello almidonado y el pelo fragante a agua de colonia, tienen el candor de las piedras lavadas por la tormenta. Los viejos cubanos: clave y aliento. Ellos horadaron en la roca, con u?as y dientes, las puertas que yo encontr? abiertas. Ellos
protagonizaron, a noventa millas, toda una epopeya de reafirmaci?n nacional.

D?jalos quejarse. D?jalos refugiarse en sus pesares. La taza de caf? se les demora en las manos mientras leen las noticias de la isla. Y vuelven a oler las magnolias de desaparecidos patios. Y en el fr?o cristal de la tarde vuelven a tocar el rostro de sus muertos. De pedernal, de terco y vertiginoso pedernal es su memoria. Los viejos cubanos, curtidos a la intemperie. D?jalos que sean como son. Porque son la sal de nuestra tierra.

Nota del Editor: Como muchas informaciones ,esta nos llega por Correo electroncio y no tenemos el autor del articulo; si usted conoce al autor enviar el dato para incluirlo. Gracias
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Publicado por buenavistavcuba @ 16:15
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Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 05 de octubre de 2007 | 11:36
Verdaderamente Cuba durante la dictadura Batistiana era mejor vivir que en EEUU especialmente para la Mafia Americana y los politicos corruptos. No se si contestaran igualmente esos 20,000 humanos asesinados durante el regimen de Batista. Mi vida ciertamente era mejor en Cuba que en los EEUU antes de la Revolucion pero no creo que para la gran mayoria restante seria lo mismo.
La revolucion necesaria seria aqui en crear una politica estadounidiense mas humana hacia Cuba.
Milton Sanchez Parodi