Por: Rogelio Menéndez Gallo.
Toda profesión, todo oficio, toda actividad humana, por muy rudimentaria que sea, suele poseer sus técnicas, sus recursos específicos. Ejemplificaré con elementos que usted puede ver en la vida cotidiana, así como en la literatura y el arte en general, aunque no se percate quizás de primera impresión.
Sin embargo, ahí está presente digamos, la técnica correctamente utilizada, por supuesto, para lograr el humor. Vea entonces la manera en que el artista escénico, el gráfico, plástico, o el literato, maneja profesionalmente el doble sentido, o los anacronismos, ironías, equívocos, absurdos, sátiras, sarcasmos, exageraciones, burlas, disparates y caricaturas.
Y resulta así en diferentes épocas, idiomas y regiones geográficas. Desde Aristófanes hasta Cervantes, --teniendo en cuenta, claro está, a otros monarcas del humor en el mundo, como son los casos de Shakespeare, Boccaccio, Daudet, Meza, Twain, Moliere. Chejov y Poncela--.
El talento desde luego es la esencia en el artista, en el escritor, en el científico, en el deportista, pero la técnica juega un importante papel en la ejecución o en la creación de la obra, en la conquista de lo más cercano a la perfección, al récord olímpico.
Y vienen a mi mente otros aspectos existenciales donde bien empleados los recursos técnicos, pueden llevar a brillantes resultados. Un caso muy simple y utilizado por casi todo el mundo: coger botella.
Embotellarse.
O lo que viene siendo lo mismos, montarse en un carro para viajar gratis.
Un carro sin distingos de marca, forma, edad, tamaño o calidad.
Un carro que ruede y lo pueda trasladar a usted hasta su meta.
Los modos, métodos y recursos empleados para el logro de dicho fin son sumamente variados. En tal misión hasta el sexo es determinante. El femenino por supuesto, suele usar sus encantos propios de la mujer. Algunas bellezas llegan a exagerar la nota con el vestuario y la coquetería. Y esto como es lógico le trae mayor “suerte”.
Hay que tener en cuenta a su favor, que la cantidad de hombres que van al timón, son incomparablemente superiores en número, a las mujeres que manejan.
En estos más de quince años que han corrido del Período Especial—que debe terminarse lógicamente cuando nos encontremos al mismo nivel social que cuando empezó—la gente de a pie hemos tenido que acudir en más de una oportunidad a la socorrida botella para trasladarnos de un sitio al otro, puesto que no es un secreto para nadie, que el transporte urbano y el intermunicipal se ha deteriorado a ritmo de conga hasta tal punto, que son insignificantes las salidas de ómnibus diarios.
En nuestra provincia de Villa Clara, ante todo en la ruta más apremiante que va rumbo a su capital de Santa Clara. Allí donde trabajan miles radicados en otros municipios, y donde es imprescindible acudir a estudiar, o a resolver trámites relacionados con la salud, educación, lo judicial, la cultura y otras problemáticas sociales, es un verdadero desastre el transporte por carretera.
En la ruta Caibarién-Santa Clara, --sigo con los ejemplos concretos-- de un total de 60 salidas diarias por las vías de Remedios, Placetas, Camajuaní, que llegó a tener desde los años cincuenta y hasta la década del setenta, hoy se cuenta apenas con una docena, sumando todas las rutas de las ciudades mencionadas.
De manera que la técnica del botellero se ha depurado y perfeccionado de forma tal, que existen verdaderos especialistas en la materia.
Por otra parte, el ejercicio diario de trabajadores y estudiantes principalmente, le ha proporcionado habilidades deportivas en el atletismo, que pudieran competir perfectamente,-- si se lo propusieran, claro está-, en algunos eventos del campo y pista, así como en otras olimpiadas creadas por los más audaces.
De modo que para el botellero ya debidamente entrenado, no resulta cosa rara la carrera rápida de cien metros planos cuando el vehículo frena más allá—en otras oportunidades con el carro andando—
Y lo que es más plausible, en la mayoría de dichas ocasiones se trata de una carrera combinada con salto alto.
No debe resultar extraño entonces, que la marca mundial impuesta por Sotomayor de 4. 45 m, y que permanece incólume desde hace tiempo, sea batida en cualquier momento en plena calle, debido a las altas barandas de rastras y camiones.
La pista de diez mil metros con obstáculos de Remedios tiene su arrancada en los edificios de la Mina,-- en el parquecito que se encuentra al final de la calle Martí-- se extiende por la avenida de Céspedes hasta la esquina que ocupa la Escuela de Ciencias Médicas; dobla, y concluye en el estadio de pelota“Heriberto Duquesne”.
Caibarién también cuenta con una extensa pista para maratón olímpico, desde la esquina de la Peluquería en Falero, sube por toda la avenida de Máximo Gómez, dobla en el monumento al majestuoso cangrejo creado por el artista plástico Florencio Jelabert, y termina por allá por la tenería.
La pista atlética de Camajuaní se extiende desde la línea de ferrocarril aledaña al parquecito infantil y en forma recta concluye más allá del cementerio.
Así es que estas tres pistas olímpicas que existen en la vía norte de la provincia en dirección a Santa Clara, son excelentes para las prácticas deportivas y nadie se puede quejar de no estar en la forma física que proporciona el botelleo.
Un aporte magnífico al atletismo pudiera ser el salto hacia abajo.
Observé su práctica desde unas ramas bajas del algarrobo que se encuentra a la salida de la Octava Villa y me impresionó ciertamente, pues lo consideré suicida de primer momento. Pero bueno, riesgosos son muchos deportes mundiales de sello olímpico.
Y tres "atletas" que se encontraban encaramados encima de las ramas alargadas sobre la carretera del susodicho y corpulento árbol, abordaron saltando desde lo alto, la cama de la rastra que cruzaba a respetable velocidad. Y por supuesto, uno cayó delante, --ganador de la medalla de oro sin discusión ni necesidad de fotos finch—Y por fracciones de segundos, lo siguieron los medallistas de plata y bronce.
Otro de los aportes deportivos del botelleo pudiera realizarse perfectamente dentro del llamado Superbús. Se trata de una rastra enlatada, adaptada para viajar alrededor de ciento veinte personas y en cuyo interior regularmente, se presionan cuales tronchos de atún, quinientas cuarenta – el récord es de quinientas cincuenta y dos--.
Se ha comentado por algunos expertos, que para los atletas inmersionistas sería un entrenamiento tremendo soportar los olores del interior del Superbús, muy lejos de los olores de los fondos marinos—incluyendo a bordo del carro, la asfixiante peste a grajos diversos, combinados y hasta selváticos, por supuesto.
También, en el interior del Superbús, hay quien no admite que algo duro siquiera le rose el trasero. Entonces suena la galleta y de inmediato suelen practicarse masivamente variados deportes de combate: boxeo, lucha libre, lucha greco, judo y kárate. Cierto que en ocasiones sin mucha técnica, pero con bastante pasión y manejo del idioma colectivo más marginal. Como si se tratara de esa cosa antimusical nombrada reggetón.
Cuando en Remedios el vocero de la estación de ómnibus anuncia que la guagua Superbús que debe salir en ruta a Santa Clara --como única posibilidad-- a las siete y diez de la mañana, "esta fallo"—regularmente la referida noticia se oye a la misma hora o quizás minutos después—Cuando la gente iracunda se percata de que debe inventar en la botella, porque tiene que llegar a su objetivo sea como sea, una explosión apasionadamente sincera de las llamadas malas palabras—las que todo el mundo dice y los profesorecus condenan--, se deja escuchar desde el mismísimo andén y recorre los puntos de aglomeración y de supuesta recogida de pasajes. Y se bajan santos de los cielos y elevan funcionarios a las alturas del infierno dantesco.
Son cientos de personas abandonadas a su suerte, donde solo los más fuertes, hábiles y conocedores de la técnica sobrevivirán, como en la teoría darwinista de la evolución de las especies por selección natural—los autos de alquiler, taxis piratas en su mayoría, cuestan 30 pesos la carrera de ida a Santa Clara—Con la vuelta a igual, o quizás a mayor precio después de las cuatro de la tarde, tiene usted para descomer únicamente los residuos del plátano burro sancochado en el resto del mes.
La “botella” y el “Botellero” actuales desparecerán con toda seguridad, como suelen desparecer históricamente las cosas anormales de un período, de una época. Tal y como ocurrió con “la botella” y “los botelleros” de la politiquería de antaño.
Y ojalá sea lo más pronto posible. Según los eruditos en la sociología moderna, si un hecho, o acontecimiento social se mantiene durante veinticinco años o más, se convierte en costumbre, en tradición.
Por favor, hay que apurarse, que llegar a esa cifra no resulta tan difícil como ponerle tacasillos a un pulpo.
!Nos falta un tilín para arribar a los cinco lustros como botelleros!.
Boletin Orfebre, No . 15 Remedios, Villaclara, Cuba.