Y estas historias legendarias de la Octava Villa, fueron rescatadas de la raíz del pueblo que las crea como su mejor poesía colectiva, por el ilustre investigador y folclorista español aplatanado en Remedios durante sus últimos y fructíferos cuarenta años—1871-1910--, don Facundo Ramos y Ramos, médico de profesión y creador literario por afición.
Indagador incansable entre la gente y entre papeles fosilizados, don Facundo dio a conocer no solo las leyendas del pueblo, sino sus costumbres y tradiciones a través de la prensa escrita de la época, por lo cual se reconoce desde el paleolítico, como el descubridor de lo más genuino, generoso, perdurable y amado de la cultura local.
La que afianza realmente el sentido de pertenencia al terruño.
Sin orden de importancia ni cronológica, muchas de las leyendas rescatadas por don Facundo resultaron agrupadas en un libro publicado póstumamente en 1932, por los hermanos Carlos Alberto—novelista -- y José Andrés—historiador—Martínez Fortún y Foyo. Dicho texto llevó por título “Cosas de Remedios”, como el autor solía nombrar a los trabajos que publicaba en la prensa. Libro que contiene cien de aquellas obras de ficción cargadas de sabiduría y humor criollo.
De las leyendas impresas en el referido libro, señalo a continuación las más célebres: La aparición de la Virgen del Buenviaje—La cual motivó en el siglo XVII, no solo la construcción de la segunda iglesia católica de la villa con tal nombre en la misma plaza central,--parroquia de Buenviaje-- sino también, otra de la misma religión, construida y nombrada así, al trasladarse hacia el centro de la Isla, aquellas familias remedianas que fundaron Santa Clara chirrisqueándose de miedo en los pantalones, no solo debido a los ataques de los piratas, sino también, a otra leyenda maravillosa: La del Boquerón o Baca del Infierno. Así la echó a rodar el cura párroco, vicario y juez de la temible Santa inquisición, José González de la Cruz. Fabulación que convenía a sus intereses de propietario de tierras por allá por el Cupey, y que en síntesis explicaba, que la villa estaba enclavada sobre una de las bocas del infierno. Puerta por donde saldrían legiones de demonios para encarnarse en los cuerpos de las personas, y convertirlas en energúmenos, si no se desalojaba el territorio lo más rápidamente posible. Y hasta exorcizó como ejemplo a la bella mulata Leonarda—según rumores su concubina—a la que extrajo de las entrañas uno de los primeros diablejos escapados del Boquerón, en espectáculo teatral formidable y delante de un numeroso público reunido dentro de la santa iglesia San Juan Bautista. Y creó el pánico entre supersticiosos, ignorantes y cagalitrosos de pies en polvorosa.
De modo que ya tenemos dos leyendas famosas: La aparición de una Virgen en la bahía del Tesico, así como El Boquerón de los demonios.
Otra de las leyendas lugareñas más reputadas resulta El Guije de la Bajada. Recordado, y gozada su anécdota junto a Los siete Juanes cada día 24 de junio, fecha consagrada a San Juan, patrón de la villa.
Resultan reputadas de igual manera La Llorona de la calle La Mar. El Indio Martín. La Rondona. La gallina de la ermita del Cristo. El Santo. La Bruja de la Vereda del Carmen.
Boletín Orfebre No. 8, 2006