Lunes, 11 de diciembre de 2006
Por: Marco Antonio Landa
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Yo no puedo decir si fue una extra?a realidad o un sue?o sorprendente. El nivel on?rico de nuestra existencia resulta a veces ribeteado de unas orlas tan reales que la l?nea divisoria entre la realidad sensual y la de los sue?os se desdibuja y se pierde entre las sombras de la duda A pesar de todos los trabajos de Freud y sus seguidores para explicar o tratar de desentra?ar la esencia de los sue?os, estos, en la vida ?ntima y particular de cada ser humano, adquieren tantas modalidades cambiantes y extra?as, que yo creo que nunca se llegar? a una explicaci?n convincente de la naturaleza de ellos. Y mucho menos encontrarle un sentido racional a lo que es en si mismo totalmente irracional. Pero, a veces, los mismos sue?os extra?os y sorprendentes sobrepasan la medida del adecuado nivel de irracionalidad y nos empujan a la maravillosa creencia de que ambos, sue?o y realidad, son, o pueden ser, la misma cosa. O, a veces, realidad y fantas?a se confunden provocando en la imaginaci?n una verdadera sensaci?n de realismo m?gico.....
Eso fue lo que me ocurri? a m? una noche de luna, de una luna completa y hermosamente redonda, que alumbraba con la clara luz de los cielos tropicales, aquellas calles nunca olvidadas, y muchas veces desiertas, de mi querida Sagua. Es una historia que estaba ya casi olvidada y que cuando venia espor?dicamente a la memoria, era rechazada por su aparente inverosimilitud. Adem?s, yo no estaba seguro si iba a ser recibida por mis posibles lectores u oyentes con una media sonrisa de incredulidad, de iron?a o de compasi?n....
Ocurri? hace unos sesenta a?os, una noche en que yo regresaba a mi casa, al filo de la medianoche. Tire Marti abajo en direcci?n al puente. Era un camino no muy largo hasta mi casa, en la calle 24 de Febrero. A esa hora todo parec?a desierto. La sombra met?lica del puente reluc?a bajo la luz de la luna esplendorosa. A lo lejos, se recortaba la aguja de la Iglesia de los Jesuitas. De vez en cuando, en mi acostumbrada rutina de cada noche, tropezaba con alguien que regresaba, o que, como yo, se encaminaba al barrio San Juan. Esa noche, una noche ligeramente fr?a de mediados de Enero, nada parec?a alterar el silencio. No se escuchaban pasos, ni voz alguna resonaba en la quietud nocturna; s?lo una brisa ligera agitaba la venerable Ceiba del Parque Martiano y los ?rboles que la circundaban.
De repente, al acercarme, mi vista alcanzo a distinguir una sombra blanca que se inclinaba sobre las barandas del puente.... ?Sueno o realidad?....Una figura de mujer, cuyo cabello largo y revuelto, parec?a un halo de misterio circund?ndole el rostro. Su largo vestido blanco, completamente fuera de moda, fue lo que mas me llamo la atenci?n. Pero fueron impresiones muy fugaces, porque en un abrir y cerrar de ojos, sin que yo pudiera atinar a hacer algo, ni a darme cuenta tan siquiera de lo que estaba pasando, la mujer se subi? ?gilmente sobre las barras y se lanzo al vac?o. Corr? hacia ella, sorprendido y desconcertado. Llegue hasta el punto donde me pareci? que hab?a ocurrido el hecho y me asome. Pero todo estaba quieto, con una quietud que se me antojo siniestra. Las oscuras aguas, que se destacaban claramente a la luz de la luna que rielaba en ellas, parec?an quietas y mansas, como siempre lo hab?an sido.
?Que hacer? Juraba que mis ojos no me hab?an enga?ado... ?O si?...Despu?s me pregunte: ? ?estoy sonando o estoy despierto??. En ese momento un hombre se acerco a m?. Parec?a que iba en direcci?n al pueblo o que hab?a estado siempre parado all? mismo. Me pregunto: ??ocurre algo??. Con palabras atropelladas trate de explicarle. El sonri? y me dijo: ?C?lmese, mi amigo. A veces la luna es traviesa y nos hace ver fantasmas donde no los hay. Una sombra, la sombra de un ?rbol o un p?jaro que la luz de la luna disfraza de algo grande, pero nada real?.
Entonces pude ver bien a quien as? hablaba. Era un hombre com?n y corriente. La estampa de un campesino. Pantal?n de dril, guayabera blanca y sombrero de yarey. Hubiera jurado que portaba un machete al cinto y sus polainas estaban manchadas de lodo. Sus largas patillas y un poblado bigote lo hac?an aparecer a mis ojos casi como un mambi....Despu?s, nos alejamos el uno del otro y no paso mas nada. Yo no se si el tomo rumbo al pueblo o sigui? mi direcci?n. Simplemente, deje de verlo.
No mencione a nadie el incidente. Tem?a las burlas de mis amigos. Por otra parte, esperaba que en los pr?ximos d?as se esparciera por el pueblo la noticia de lo acaecido la noche anterior. Pero paso el tiempo y nada trascendi?, nada realmente notable........
Paso alg?n tiempo, podr?amos decir con Zorrilla que ?pas? un d?a y otro d?a--y un mes y otro mes pas? pero paso un tiempo sin calculo apreciable. Y entonces me ocurri? algo ins?lito y desconcertante, que actualizo en mi memoria aquel extra?o suceso, o sueno, o lo que fuera. La visi?n de la blanca figura lanz?ndose al r?o ante mis propios ojos tomo cuerpo otra vez en la imaginaci?n, provocando en ella emociones perturbadoras.
Un d?a, imprecisable, en la Biblioteca P?blica del pueblo, tropec? de repente, medio perdido entre otros vol?menes relativos a la historia de Sagua, con un peque?o y casi destruido folleto, publicado en 1897 en una imprenta llamada de los ?Hermanos Gonz?lez?, de la calle de La Gloria. Un folleto de pocas p?ginas, casi todas corro?das por la acci?n del tiempo, conteniendo datos de nuestro pueblo. Algunas curiosidades, varias noticias de aquellos d?as, algunas fotos, estad?sticas, anuncios, etc. Pero algo me llamo la atenci?n: en la p?gina central aparec?a un dibujo de una hermosa mujer vestida de blanco, con el cabello largo y suelto que rodeaba su rostro, prest?ndole una aureola de irrealidad. Un nombre corriente y al pie una breve nota: ?Desaparecida tr?gicamente la noche del diecis?is de Enero de este ano?. Despu?s, en la p?gina lateral se ampliaban los detalles.
Era una muchacha de familia pobre, que viv?a en los alrededores del pueblo, all? por el Camino del Palo de las Tres Cruces, allende la vieja armaz?n de madera que colgaba entonces sobre nuestro r?o. Manten?a relaciones amorosas con un insurrecto (as? lo llamaba el reporte) que la visitaba regularmente en horas de la noche, cuando todo era quietud en el pueblo y las autoridades espa?olas descansaban de la rutina de inspecci?n y vigilancia. La noche de su desaparici?n hab?a recibido a su amante y al parecer hab?an re?ido. El la amenazo y ella huyo de la casa, seguramente atemorizada.
Su cuerpo, envuelto aun en el largo traje blanco que sol?a usar, fue encontrado flotando en aguas del r?o, m?s all? del puente, cuatro d?as despu?s. Su largo cabello le rodeaba la garganta como un lazo mortal y sus ojos, abiertos aun, parec?an llenos de terror. El amante desapareci?, pero su cuerpo, colgado de un ?rbol, fue encontrado tambi?n, varios d?as despu?s, en los alrededores del pueblo. Todav?a vest?a su pantal?n de dril, su guayabera blanca, su sombrero de yarey y el machete colgado a la cintura....
?Sueno, realidad o fantas?a?.., ?Extra?as sombras de la noche?.., ?Una mala jugada de la luna?.....

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Publicado por buenavistavcuba @ 13:30
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