S?bado, 07 de octubre de 2006
Por: Eloy A Gonz?lez.
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El Adagio de Albinoni es una melod?a que goza de mi especial predilecci?n, sus notas me han acompa?ado por mucho tiempo, y aunque en esta ?ltima estaci?n la tristeza no ha dado lugar el disfrute de la m?sica, el encuentro con una grabaci?n de esta pieza musical me ha tra?do una sucesi?n de sentimientos encontrados que merece que escriba sobre esto.
El Adagio, para los que no conocen, es una composici?n musical o parte de ella que se ha de ejecutar con movimiento lento. El Adagio de Albinoni en realidad no es de Albinoni, o al menos no totalmente, sino de Remo Giazotti (1910-1998) un music?logo italiano del siglo pasado, bi?grafo de Albinoni, quien encontr? un fragmento musical del compositor florentino en la Biblioteca Estatal de Dresde poco despu?s de la Segunda Guerra Mundial. El fragmento encontrado por Giazzoti dispon?a del pentagrama del bajo y de seis compases de melod?a, lo que hace suponer que se trataba del movimiento lento de una sonata de tr?o. De manera que a partir de esto es que Giazotti compone este famosos Adagio en el 1945.
Tomaso Albinoni (1671-1751) fue un compositor de m?sica barroca y aunque escribi? muchas operas es reconocido por su m?sica instrumental, sobre todo los conciertos para oboe. Si llega a ser popular en la actualidad es por su Adagio en sol menor, una composici?n que disfrutamos en m?s de nueve minutos donde el viol?n se hace insistente y hay en las notas un distante sentir de tr?mulas distancias y oportunas memorias.
Cuando aseguro que esta melod?a me acompa?a es porque se hace presente una y otras vez. Aferrado a la distancia, el tiempo perdido y este salto casi suicida que es el Exilio; vienen a mis sentidos esta melod?a que escucho con complacencia e insuperable angustia.
En un raro fen?meno de sinestesia, el o?r la melod?a despierta un recuerdo tras otro, tanto que produce un letargo de aturdida secuencia de evocaciones casi extinguidas. Se abren nuevas heridas y nada puede superar tanta angustia. Me acomodo a la desesperanza y veo venir el miedo, siendo sorprendido por las l?grimas que pretenden superar el temor de la muerte.
Es tal la profundidad del alma que escucha esta melod?a, que muestra un ser tan hondamente contrariado que ya nada pierde. La escucho una y otra vez como para superar una agon?a gradual, que el presente trae en demas?a. Cada nota intenta redimir el alma del cansado y superar lo inicuo del presente.
Nunca he entendido la expresi?n musical y no la he estudiado; pero esta m?sica que sumerge los sentidos en sensaciones tan agradables como enga?osas me atrae y no deja de producir una rara sensaci?n de desvar?o. Hay un temblor de sombras, extra?os vestigios de seres muy distantes y la mirada est? sobre las im?genes exageradas del enojo. Cada gesto de la ira, corta como cuchillo afilado los escasos instantes de bondad que sacuden a las palabras suaves.
Ya los pensamientos andan escondidos, las palabras aunque abundan nada dicen; es tan desleal la esperanza, que s?lo conocemos de ella el abandono al que ya nos tiene habituado. La angustia enlaza cada cosa a su paso no dejando espacio en su denso entramado, para el desempe?o de virtud alguna. Las sombras han arraigado de tal manera que no han dejando lugar como para que la luz contienda. La confusi?n ante tanta desdicha es lastimosa, y la tristeza visita con frecuencia los ojos cansados, hundidos y de sombr?a contemplaci?n de los sucesos.
Confusi?n, turbaci?n y enojo est?n aqu? como para decirnos que no se ir?n hasta que el fin del tiempo se aproxime. ?Es que Dios est? indignado? ?Por qu? nuestros d?as declinan? ?Donde habr? alguna misericordia? ?Qu? gesto de piedad habr? de visitarnos? ?Qui?n sostiene al vencido despu?s de tanto escarnio? ?C?mo puede recuperar su mente fatigada? ?Qu? modo hay para detener el latir de un coraz?n afligido?
El que mira por nuestras almas conocer?, mientras, vendr?n los d?as terribles, uno tras otros se har?n interminables, habr? s?plicas y la pena se har? presente. La desdicha vendr? a la puerta, reclamando su lugar en el fest?n de la aflicci?n.
Hasta tanto, la melod?a del Adagio de Albinoni esta aqu?, acompa??ndome mientras escribo, como diciendo que a?n hay un prop?sito para el alma desfallecida y menesterosa. Al menos cuando el coraz?n est? dispuesto.
? 2006
Publisher in: Panorama Hispanic Newspaper. September 2006. Author E-mail: [email protected]
Publicado por buenavistavcuba @ 10:46
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Comentarios
Publicado por Invitado
Domingo, 28 de octubre de 2007 | 5:44
Escuchar el Adagio a la vez que leer tu entrada es terriblemente hermoso...No hay palabras para definir lo que he sentido, m?s que tus palabras y su m?sica.