Aburrir es el pecado capital de toda obra literaria. Seré, pues, breve, concreto, preciso. Omitiré los 114 capítulos del Corán. Se trata de un sistema de reglas dogmáticas, de normas rígidas escritas en árabe, según las cuales tiene que actuar el hombre en su convivencia ética-social y que fueron redactadas por Mahoma, pero atribuidas por él a Dios, dando lugar a la aparición de la religión islámica.
Y dentro de tales preceptos a cumplir obligatoriamente en la civilización musulmana y algo después de iniciarse nuestra Era, en la propia Meca, ciudad natal del susodicho profeta Mahoma, éste maldijo, entre otras cosas que condenó dentro y fuera del libro sagrado del Islamismo, a quien sembrara, atendiera y cosechara el fruto de la vid. De igual modo maldijo tanto al que exprimía la uva, como a aquél que transportaba el jugo, fabricaba, comerciaba, servía y bebía el licor. Nadie escapaba en su fanatismo anti-alcohólico.
Realmente Mahoma era un abstemio tremendo. El pobre, padecía de hepatitis crónica.
Tomado del libro inédito sobre personajes célebres "SI ES PUYA QUE RUEDE Y SI ES BOLA QUE SE CLAVE"
Boletín Orfebre, 6, 2006