El nombre de la
Macorina ha llegado hasta nuestros días gracias a esa canción que en la voz de la cantante mexicana
Chavela Vargas empezó a escucharse a principios de los años sesenta. Hoy es conocida también en Europa, pero los jóvenes cubanos que la escuchamos por primera vez hace cuatro décadas ignorábamos que el personaje al que aludía la canción anduvo por aquellas mismas calles habaneras en la década de los veinte, al volante de un llamativo ¿convertible? rojo. Así la recordó nuestro pintor
Cundo Bermúdez cuando en 1978 pintó su cuadro
La Macorina, donde ella aparece en un llamativo descapotable rojo, ese ¿carro colorao? al que no se alude en la canción de Chavela Vargas, pero sí en una movida composición cantada por
Abelardo Barroso:
Ponme la mano aquí, Macorina,
pon, pon, pon, Macorina, pon, pon, Macorina.
Yo conozco una vecina que me tiene alborotao, me enteré que en los paraos la llaman la Macorina.
Ponme la mano aquí, Macorina, que me muero, Macorina. ponme la mano aquí, Macorina, que estoy loco, Macorina.
Ella gasta gasolina en su carro colorao, y sigue con el tumbao que ella es la gran Macorina.
Allá va la Macorina en su carro colorao, ella va pa’ los saraos con su tremendo tumbao. Le dicen la Macorina con su carro colorao.
La ficción, A partir del triunfo sostenido de la canción de
Chavela Vargas, hemos podido enterarnos de muchas leyendas acerca del personaje de la Macorina, historias tan sorprendentes como la que afirma que fue una guerrillera, así como una luchadora por la libertad en el siglo XVII en Hispanoamérica. También se dice que su verdadero nombre es
María Constanza Caraza Valdés, el cual se cambió por el de
María Calvo Nodarse, pero lo cierto es que en el permiso para conducir o cartera dactilar expedida por el Municipio de La Habana aparece con el nombre con el que ella misma se ha dado a conocer. También se la ha descrito como hija de negra y chino, pero las fotos que de ella se han publicado (incluida la que aparece en el permiso de conducir) muestran a una mujer blanca.
Ponme la mano aquí.
La canción
La Macorina que interpreta
Chavela Vargas lo único que conserva de la que cantaba
Abelardo Barroso es ese inquietante estribillo:
“Ponme la mano aquí, Macorina’. La música es de la propia Chavela y la letra de
Alfonso Camín (1890-1982), un asturiano que llegó a La Habana con quince años y que después de sobrevivir gracias a múltiples y variados empleos (desde mache-tero hasta dependiente y vendedor) llegó a ser redactor del Diario de la Marina, periódico que incluso lo envió como reportero de guerra a Europa cuando la Primera Guerra Mundial. Fue un prolífico autor de agitada vida que publicó muchas obras pero completamente ignorado por los escritores cubanos. A mediados de los años cincuenta se marchó definitivamente a México. Pero
Alfonso Camín no ha pasado a la posteridad por sus numerosas obras sino por la letra de La Macorina:
Ponme la mano aquí, Macorina, ponme la mano aquí.
Tus pies dejaban la estera y se escapaba tu saya buscando la guardarraya que al ver tu talle tan fino las cañas azucareras se echaban por el camino para que tú las molieras como si fueras molino.
Tus senos, carne de anón, tu boca una bendición de guanábana madura, y era tu fina cintura la misma de aquel danzón caliente de aquel danzón.
Después el amanecer que de mis brazos te lleva, y yo sin saber qué hacer de aquel olor a mujer, a mango y a caña nueva con que me llenaste al son caliente de aquel danzón.
Es la apoteosis metafórica de la mujer y los frutos cubanos, resultado poético que en la voz de
Chavela Vargas se vuelve perturbadora y erótica. No conozco ninguna canción cubana que exprese tal grado de sensualidad, una sensualidad que puede tocarse, olerse, saborearse, y que se vuelve más inmediata cuando se le agrega el estribillo de:
“Ponme la mano aquí”, que puede referirse tanto al corazón del amante como a donde el oyente quiera imaginar. Y lo sorprendente es que hayan sido dos extranjeros -una mexicana y un asturiano quienes inmortalizaron a la Macorina, el escándalo de La Habana.
Nota del Editor:Al igual que el artículo anterior , nos llego estas notas sin especificarse el autor.