martes, 13 de junio de 2006
Por: María Aleyda Hernández Suárez.
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El 7 de marzo de 1906, a las 5:30 a.m., los gritos de la criada negra anunciaban el nacimiento de un varón en la casa marcada con el número 14 de la calle San Juan de los Mercaderes. Su nombre, Alejandro Evelio Tomás Othón, el primogénito del matrimonio constituido un año antes por Diana Victoria de Caturla y García y Silvino Evelio García y Balmaseda.

Perteneciente a una familia que, por la línea materna, tenía una fuerte tradición musical, desde muy temprana edad Alejandrito gustaba hacer sonar el piano materno y en 1913 comienza los estudios musicales con el valenciano Don Fernando Estrems. En 1915 los continúa con María Montalván y su hija Carmen Valdés en la Academia Valdés-Montalván; por esta fecha también recibió lecciones de violín con América Pando Ruíz.
A los nueve años ya conocía las principales óperas de la época: “Caballería Rusticana”, “Elixir de Amor” y “Los Puritanos” en el teatro La Tertulia de su ciudad natal y mediante los frecuentes viajes a Santa Clara y la Habana acompañado casi siempre por su tía Olga de Caturla.
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También gustaba representar con sus hermanos y primos pequeñas piezas de operetas en la casa de su abuela Laudelina García-Conde. Allí, ante un público integrado por familiares y amigos se ponían en escena obras como “El Soldado de Chocolate” y “La Viuda Alegre”.

Entre las primeras composiciones musicales de Caturla se encuentra el vals “I will love you forever” y el danzón “El cangrejito”.

La tradición musical remediana será muy importante en su formación inicial con su banda de conciertos surgida en 1859, la que, desde esa fecha ofrecía retretas los jueves y domingo en la Plaza Isabel II, las innumerables orquestas que animaban los bailes de las sociedades, las congas precursoras de las parrandas, los toques de tambor de los Congos y la presencia entrañable de Bárbara Sánchez –Avive-, su manejadora negra quien, para dormirlo, le cantaba melodías en la lengua de sus ancestros.

Yo le cantaba un canto que no recuerdo a quién se lo oí… Por esos años ya mostraba su gusto por la música… El canto decía así:

Orilé, orilé
Babalú, já
Pero dame la cadena
Que me voy a adorná…
“Canta más, Niña, canta más”, me decía
(1)

Este componente musical nutrirá una vocación afrocubanista que marcará la obra del compositor con una fuerza telúrica.
Las primeras letras las aprendió en escuelitas llamadas “de migas”. El niño aprendía con rapidez pero no asimilaba la disciplina escolar por lo que sus padres acudieron a Rosa Molina Faife para que guiara sus estudios en su propia casa. En junio de 1919 ingresó al bachillerato por cursos libres en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara y en el Colegio Mario Pando de Remedio cursará las últimas asignaturas.
El título de Bachiller en Ciencias y Letras recibido el 9 de septiembre de 1922 le abría las puertas a Alejandro García Caturla para iniciar la carrera de Derecho Civil en la Universidad de la Habana.

Citas:
(1)- María A. Henríquez. Alejandro García.Caturla. Ediciones Unión, La Habana, 1998, p25
Fuente: Orfebre. Mayo 2006
Publicado por Desconocido @ 11:22
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