Lunes, 08 de mayo de 2006
En septiembre de 1960, yo despert? una ma?ana con 6 beb?s hambrientos y s?lo 75 centavos en mi bolsa..........,
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En septiembre de 1960, yo despert? una ma?ana con 6 beb?s hambrientos y s?lo 75 centavos en mi bolsa. Su pap? se hab?a ido. Los ni?os ten?an de tres meses a 7 a?os. Su hermanita ten?a dos a?os. Su pap? nunca hab?a sido m?s que una presencia que ellos tem?an. Cuando ellos o?an rechinar las llantas en la grava suelta del camino a casa, corr?an a esconderse debajo de sus camas. Lo que s? hac?a era dejarme 15.00 d?lares por semana para comprar el mandado.

Ahora que hab?a decidido marcharse, ya no habr?a golpizas pero comida tampoco. Si hab?a alg?n sistema del bienestar social por parte del Gobierno en el Sur de Indiana, yo nunca supe nada al respecto.

Yo ba?? a mis hijos, tall?ndolos hasta que parec?an nuevos, les puse la mejor ropa hecha en casa que ten?an y los sub? al viejo y oxidado Chevy a?o 51 y, me fui en busca de trabajo. Los 7 de nosotros fuimos a todas las f?bricas, tiendas y restaurantes que hab?a en nuestro peque?o pueblo. No tuvimos suerte.

Los ni?os se manten?an todos encimados en el carro e intentaban mantenerse callados mientras que yo intentaba convencer a quien fuera para que me pusiera atenci?n que yo estaba dispuesta a aprender o a hacer lo que fuera. ?Yo tenia que tener un empleo ?

A?n as?, no hubo suerte. El ?ltimo lugar al que fuimos, a unas cuantas millas del pueblo, fue un restaurante (paradero) llamado "LA GRAN RUEDA". Una se?ora, ya grande, llamada Granny, era la due?a y se asom? por la ventana y vio todos esos ni?os en el carro. Ella necesitaba a alguien que trabajara de noche, de las 11 de la noche a 7 de la ma?ana. Pagaba 0,65 centavos la hora y yo podr?a empezar esa noche.

Me fui apresuradamente a casa y llam? a la ni?era, convenci?ndola de ir a dossier a mi casa, por 1.00 d?lar la noche. Ella podr?a llegar a mi casa en pijamas y dormir en el sof?. Esto le pareci? un buen trato y acept?. Esa noche cuando los peque?os y yo nos arrodillamos para rezar nuestras oraciones, todos dimos gracias a Dios por haberle conseguido trabajo a Mami y as? empez? mi trabajo en "La Gran Rueda".

Cuando regres? a casa en la ma?ana, despert? a la ni?era y la envi? a su casa con su d?lar que, era la mitad de mis propinas de toda la noche.

Al pasar de las semanas, las cuentas de calefacci?n aumentaban el peso de los gastos que, con tan poco ingreso ten?amos que soportar. Las llantas del viejo Chevy, cada vez m?s, mostraban el paso del tiempo tomando las apariencias de globos mal inflados. Yo ten?a que llenar el aire de las llantas antes de ir al trabajo y al regresar a casa.

Una triste ma?ana, al arrastrarme cansada hacia mi carro en el estacionamiento, encontr? en mi carro, cuatro llantas nuevas esper?ndome. Habr?an venido los ?ngeles del cielo a vivir a Indiana.? Tuve que hacer un trato con el mec?nico del pueblo para que le pusiera las llantas a mi viejo carro. Recuerdo que tard? mucho m?s en limpiar sus sucias oficinas que en lo que ?l tard? en ponerle las llantas al viejo Chevy
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Estaba ya trabajando seis noches por semana en lugar de cinco y, a?n as? no era suficiente. Se acercaba la Navidad y yo sab?a que no habr?a dinero para comprar juguetes para los ni?os. Encontr? un bote de pintura roja y empec? a pintar algunos viejos juguetes y los escond? en el s?tano para que hubiera juguetes en la ma?ana de Navidad. La ropa de los ni?os estaba muy acabada. Sus pantalones ten?an parches encima de los parches y ya pronto no servir?an para nada.

La noche antes de Navidad, entraron los clientes de siempre al restaurante a tomar su caf?. Ellos eran troqueros y traileros y, polic?as de caminos. Hab?an algunos m?sicos que hab?an tocado m?s temprano a?n ah?, jugando en las maquinitas. Los de siempre estaban ah? sentados platicando hasta la madrugada.

Cuando se lleg? la hora de ir a casa, a las siete de la ma?ana, yo corr? al carro para tratar de llegar antes de que se despertaran los ni?os y ponerles los juguetes que hab?a arreglado bajo de un ?rbol que hab?amos improvisado.

A?n estaba oscuro y no se ve?a mucho, pero not? que hab?a una sombra en la parte de atr?s del carro. Algo era seguro. Hab?a algo ah?. Cuando llegu? al carro me asome por la ventana lateral. Mi boca se abri? con gran asombro. Mi viejo Chevy estaba lleno de cajas hasta arriba. R?pidamente abr? la puerta y abr? una de las cajas. Adentro hab?a pantalones de la talla 2 a la talla 10. En la otra hab?a camisas para los pantalones. Tambi?n hab?a dulces, frutas y mucho mandado en bolsas. Hab?a gelatinas, pudines, pasteles y galletas. Tambi?n hab?a art?culos para el aseo y la limpieza de mi casa. Hab?a 5 camionetitas y una hermosa mu?eca.

Mientras manejaba por las calles vac?as hacia mi casa, vi salir el sol del d?a de Navidad m?s inolvidable e incre?ble de mi vida. Lloraba de incredulidad y gratitud. Nunca olvidar? la alegr?a en las caritas de mis peque?os en esa ma?ana.

Si, si hubo ?ngeles en aquella ma?ana en Indiana, hace muchos diciembres. Y todos ellos eran clientes de "La Gran Rueda".

Como conclusi?n aprend? que, como te portes con los dem?s, as? se portar?n contigo.


Nota del Editor: Este art?culo lo recibi en mi correo electr?nico, sin que pudiera conocer la autora. No dude en ponerlo en el Blog, considerando el mensaje de aliento que trasmite.
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Publicado por buenavistavcuba @ 13:32
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