martes, 02 de mayo de 2006
Pancake House and Family Restaurant

Por: Eloy Arnaldo González. *
eloy_gnzlz@yahoo.com
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Ol’ South, se define en un interesante folleto como: Pancake House and Family Restaurant. Y es eso, un popular restaurante localizado en la University Drive y la Vickery Blv aquí en Fort Worth.

Este lugar tiene algo más de su especial popularidad, allí convergen políticos locales y muchos babies boomers, cowboys de paso, y muchos anglos que lo hace un lugar exclusivo de amable trato y cuidadoso servicio. Un excelente y variado desayuno, muy al estilo Southwestern caracteriza el menú, amplio y detallado.

Pero allí van y permanecen algunas horas cada miércoles en la mañana, haciendo del desayuno un buen pretexto, un grupo de hispanos y no hispanos que comparten un momento de ágil conversación, mientras degustan el tibio café servido en rápidos gestos amables.

Son un grupo de persona que tiene como común interés el participar en una temprana conversación siempre que sea posible , y así se hace en el idioma de Cervantes, pero que por igual interesa a algunos anglos que también asisten, más que nada buscando las amistosas palabras . Así entre sorbos del humeante café, frases lanzadas al aire como de desafío, agudas opiniones políticas y risa alegre como traída del Caribe, transcurren las horas prolongadas de un desayuno global, de hablar genuino y ejercicio espléndido de una libertad de expresión que a nadie extraña.

Si venimos como los cubanos de una tiranía prolongada, pues con mayor delectación compartimos una conversación que trascurre sin miedos. Y es que allá en la Isla herida, bien recordamos como cuando lanzábamos una opinión, primero mirábamos por encima del hombro. Cuando las conversaciones alcanzaban un nivel de crítica, que podía resultar comprometedor, siempre alguien creaba en el aire con los dedos de ambas manos un círculo, claro mensaje de que podía haber micrófonos instalados.

Cuando estoy en el amplio salón del Ol’ South, recuerdo el elegante y espacioso salón del restaurante del Hotel Inglaterra en La Habana. Allí fui a comer con una pareja de turistas españoles, resultó que el acto de comer fue toda una tortura por el trato inmerecido que recibimos mi esposa y yo, siendo como éramos unos cubanos advenedizos disfrutando de aquellas facilidades propias para turistas. Mientras cenábamos “un guayabera”, esto es, un agente de la policía política se mantuvo todo el tiempo espiado detrás de una de las sólidas columnas del viejo pero elegante Hotel. En el Ol’ South a veces miro como preguntándome…, pero en este país a nadie le importa si Ud. ejerce la libertad, esa sencilla libertad que hace que pueda opinar en un restaurante y en presencia de algunos amigos.

El grupo de contertulios que asisten a los desayunos hispanos en el Ol’ South es tan interesante como variado. También de variado son las opiniones que allí se expresan sin el más mínimo temor. No hay límite a la libertad de opinión porque cada uno de los asistentes, independiente de las posiciones que puede asumir, tiene muy en claro que viven y disfrutan de una sociedad libre.

Los amigos que se inclinan por las opiniones demócratas y enjuician abiertamente en contra de la política del actual mandatario norteamericano lo hacen a sabiendas de que, cuando se levanten y salgan del salón, nadie les ira a molestar a sus casas, o a recriminarles en una dependencia de la policía política sobre que dijeron o que dejaron de decir. Nadie ni en broma ni en serio, cuando critica al Presidente de los Estados Unidos, será juzgado y condenado por desacato. De manera que, cuando charlamos en el Ol’ South lo hacemos sin considerar apenas que estamos ejerciendo un derecho tan simple como es el de opinar libremente.

Son los que asisten cada miércoles al Ol’South dados a la polémica; vienen de distintos países y abrigan dudas y experiencias variadas, a veces amargas. No hay en ellos asomo alguno de desdichadas y ciegas opiniones; menos aún la rara práctica del hablar desenfrenado que caracterizan los odiadores de siempre, que olvidan las bondades de un país que nos abrió las puertas. Hay eso si, critica abierta a todo lo que no es bueno en la política local, y no dudan en extender sus quejas hasta las autoridades federales. Nada hay que pueda cuestionarse en esto, se vive en libertad y se opina en ella.

Alrededor de la mesa, otros participan por igual del desayuno y en ninguno de los comensales presentes hay una sola muestra de desaprobación, ni un sólo gesto de rechazo hacia el bullicioso grupo de hispanos que opinan y gesticulan, en un país y en un local comercial de los cuales se sienten parte. El Juez del Distrito así como el Alcalde toman tiempo para llegar a esa mesa de inmigrantes para extender la mano franca. Los policías habituales siempre saludan con gesto sincero. Pienso que hoy somos parte de un país donde no hay lugar para el odio.

Los que vamos al Ol’ South, y hablamos en nuestro español lo más castizo posible, lo hacemos en un acto libre, como tenemos derecho a nuestra propia conciencia; es allí donde opinamos sin menoscabo del derecho que le asiste a otros a opinar. Hay un intercambio de ideas, y estos intercambios aunque se produzcan en un restaurante y con una taza de café por delante, no dejan de ser enriquecedores.

Alguien me preguntaba que balance se saca de esas reuniones, ¿cual es la ganancia?, porque como estamos en un país donde el tiempo empleado debe traducirse en alguna ganancia, se concluye que algo debe de obtenerse de provecho en eso de ir a conversar cada miércoles a un lugar determinado. Sólo conversamos, le digo, no es un parlamento.

Fue un cubano quién dijo que: la libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y hablar sin hipocresías. Entonces, vamos al Ol’ South, a ejercer esa libertad, ¿o es que acaso no estamos en la tierra de los libres?
© 2006
* Physician and Freelancer Writer. E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com
Published in Panorama Hispanic Newspaper.

Publicado por Desconocido @ 11:24
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