Martes, 28 de febrero de 2006
Un d?a en la primavera del a?o 1887, cinco jinetes, cansados tras un largo y arduo viaje que hab?a comenzado en la ciudad porte?a de Gibara............

Por: Alfredo M. Dumois.
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Un d?a en la primavera del a?o 1887, cinco jinetes, cansados tras un largo y arduo viaje que hab?a comenzado en la ciudad porte?a de Gibara, llegaban a un pobladito de unos pocos boh?os situado en la parte sur de el antiguo Realengo Banes; ya para entonces conocido por el nombre de Hacienda Banes. Iban en una misi?n, podr?amos decir, exploratoria y de evaluaci?n de las tierras de la regi?n con miras a usos agr?colas.

Al frente de ese grupo tan diverso iba Don Alfredo Dumois Gess? obrando a nombre de su hermano Don Hip?lito, cosecheros ambos y exportadores de bananos de la ciudad de Baracoa. Acompa?aban a Don Alfredo Don Juan C?rdenas Alberti, agricultor de Baracoa y especialista en terrenos, y su empleado Salom? Boza; Don Delf?n (Fino) Pupo, comerciante de la ciudad de Gibara y su yerno Torcuato Varona. Vale decir que hab?a sido Don Fino, viejo amigo de Don Alfredo quien, al conocer que los intereses agr?colas de los Dumois eran buscar tierras fuera de Baracoa para expandir sus negocios; le convenci? de ver por sus propios ojos las maravillas de Hacienda Banes. Ah, por cierto, Don Fino era due?o de una de las seis acciones de la hacienda.
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As? llegaron nuestros cinco jinetes al cierto pobladito de unos pocos boh?os encamin?ndose inmediatamente campo adentro en busca del Coronel Octavio Silva (compadre de Don Fino) morador en esos lares por muchos a?os. El jovial Coronel, quien hubo ganado sus galones militares peleando en la desafortunada Primera Guerra de Independencia (1868) y que adem?s era un gu?a fenomenal, seria el gu?a que llevar?a a Don Alfredo y su comitiva por cuantas monta?as, valles y llanuras, r?os y bah?as, rincones y recovecos de las tierras de la Hacienda Banes ? y otras m?s lejanas a?n. El Coronel, siendo un hombre de gran sabidur?a natural y clara percepci?n, se percat? de inmediato de lo que significar?a para la econom?a de aquella pobr?sima regi?n un proyecto agr?cola de la envergadura de la que Don Alfredo se propon?a establecer all?, d?ndole un motivo m?s para ser sol?cito en extremo en el cumplimiento de su tarea.

La decisi?n de la familia Dumois fue positiva. ! Se comprar?an esas tierras! Ese mismo verano, Don Juan C?rdenas, encomendado por Don Hip?lito Dumois, volvi? a la regi?n para comprar Hacienda Banes de unos 33,000 acres, repartidas a partes iguales entre los Dumois, Don Juan, y Don Fino. (Los Dumois continuaron comprando tierras aleda?as a la Hacienda Banes hasta la cantidad de unos 100,000 acres.)
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As? fue como en un mismo instante de tiempo nacieron un pueblo, Banes, y una industria, La Banes Fruit Company con Don Alfredo de administrador. Situado a orillas del Ri? Banes ? ri? de amplio caudal en aquellos tiempos ? y a unas pocas millas de la Bah?a de Banes, el lugar era ideal tanto para la industria como para el pueblo propio

Un pueblo en estado de construcci?n y una empresa que iniciaba sus operaciones al un?sono hacia aquello aparecer como casa de locos.!Manos a la obra! era el grito del d?a. Y en verdad eran muchas las manos de los millares de trabajadores de campo sembrando, cosechando y embarcando por los muelles del embarcadero ramos de guineos por millones cada a?o. La nueva industria bananera traer?a una prosperidad tal que se dec?a por ah? que ?un Banense se conoc?a por la manera en que gastaba su dinero.?
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De igual manera, en el pueblo propio las construcciones prosegu?an a pasos agigantados. Banes fue trazado con dos avenidas principales paralelas con eje este-oeste, y calles laterales con eje norte-sur. Muy pronto sus calles se llenar?an de viviendas y comercios ? unas pocas casas de madera con techos de zinc y muchos boh?os de guano ? almacenes de viveres y bodeguitas

Un buen d?a aparecieron dos m?dicos en el pueblo, uno de ellos se llamaba Don Antonio, m?dico chino.

Pero, ?que hac?an las gentes de ese Primer Banes para entretenerse, en un pueblo de calles sin pavimento ? lodazales con la lluvias ? que carec?a de sitios propios de recreo, teatros, iglesias, parques o plazas? Pues, si, hab?a mucho que hacer en ese rengl?n.
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Los domingos hab?a bailes p?blicos en el almac?n dep?sito de guineos llamado El Paradero. Los fines de semanas los dos caf?s-restaurantes con mesas de billar se llenaban con gentes del pueblo y muchos que ven?an del campo a pasar un d?a en la ?ciudad.?

Las competencias de m?sica de punto y contra punto en las cuales los trovadores se debat?an con versos improvisados; puntos opuestos de un t?pico proporcionado por el p?blico.

Hab?an juegos de pelotas y competencias a caballo en una explanada en el lado este del r?o.

Adem?s, el trapiche de Don Fino (Pupo), negocio a las afueras del pueblo donde se exprim?a el jugo de la ca?a para hacer caramelos, era el punto de reuni?n social para las gentes del pueblo y campos vecinos.

Y que mejor que un ba?o en las frescas aguas del r?o Banes en un d?a caluroso.

El primer Banes no pas? de ser un pueblo al estilo de los atrasados pueblitos del oeste Americano de mediados del siglo XVIIII. Pero, bueno ?que ciudad del mundo no ha comenzado siendo un Banes de 1887? Adem?s, la belleza de aquel primer Banes no estaba en lo que se ve?a con los ojos, sino en los corazones de sus buenos y nobles hombres y mujeres.

A nuestro querido Banes ya le llegar?a su d?a, pero no sin antes pasar por su ?bautismo de fuego? pues en 1896, el ej?rcito libertador quem? a Banes, dej?ndolo en cenizas.

* Condensado del libro del mismo autor: ?A Name, A Family, And A Town?.

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Publicado por buenavistavcuba @ 19:37
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