martes, 04 de octubre de 2005
“Salid a encontrar al sediento; llevadle agua…, socorred con pan al que huye”Isaias 21: 14

Por: Eloy Arnaldo González *.

Formamos parte de una gran Nación, vulnerable como puede ser cualquier conglomerado humano;...........
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sujeto como estamos a convertirnos en objetivos de las fuerzas del mal,- que en su momento-, descargaron su odio sobre la ciudad de Nueva York. Ahora, lo vulnerable vuelve a ser realidad; un doble y secuencial torbellino trastornador ha convertido la costa del Golfo de México en el imperio de recias y poderosas aguas lanzadas por el viento que se hace furor y espanto.

Me refiero a los poderosos huracanes que han azotado la costa sur de los Estados Unidos en los últimos días, con potencia arrolladora y resultados catastróficos pocas veces vistos. Sus nombres, lo de estos huracanes tropicales que vienen a golpear la vastedad de estas tierras nos resulta harto familiar: Katrina y Rita. Los efectos que han producido estos dos huracanes son de un quebranto de tal magnitud que hoy de forma directa e indirecta afecta toda la Nación.

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El huracán Katrina, dejó a la ciudad de Nueva Orleáns desolada, abandonada y convertida en un lodazal de aguas pútridas. Muestrario de detritus de una civilización que habiendo sido azolada, sólo muestra su desnudez, sentido de vacío y soledad de húmedo desierto.

Cuando el huracán Rita se acercaba a las costas de Texas, un estremecimiento colectivo se apoderó de todos; las imágenes de la muerte, la devastación y el caos producido por el huracán que le antecedió; hizo que los moradores de las zonas que serian afectadas por éste poderoso huracán tomaran,- de forma rápida y resueltas-, conciencia del peligro que se les venia encima. Las casas fueron cerradas, las conciencias fueron conmovidas.

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En esta ocasión hubo muestras de actuar profesional, resolución e inteligencia; y sobre todo, conciencia ciudadana del peligro. Los habitantes de las zonas que serian azotadas por el poderoso huracán Rita, se mostraron muy responsables a la hora de escuchar y tomar decisiones que a tantos podían afectar.

Los moradores de ciudades que podían ser desvastadas, se lanzaron en frenética salida buscando lugares seguros y alejados del peligro inminente. Millones abandonaron las ciudades habitadas y éstas quedaron como desiertos. Asombro y temor evidente había en los rostros de aquellos que manejaban horas por la Autopista I-45, buscando alejarse del punto de la costa a donde llegaría el huracán con categoría pre-establecida de efecto catastrófico. La ciudad de placentero deleite como Galveston con sus soleadas playas, así como la populosa Houston, vieron sus habitantes esparcidos por las amplias autopistas. Ciudades de gozo y laboriosidad fueron oscurecidas por el temor. La Nación de nuevo se mostraba conmovida y expectante.

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Los millones de habitantes en sus autos llenaban las autopistas que salían hacia el norte y el tráfico adquirió la categoría de infierno de lento andar. Algunos no les alcanzó el combustible, a otros los alimentos que llevaban, los más no les alcanzó la paciencia. Hambrientos, sedientos y ansiosos; decenas de miles se convirtieron en una población errante, que se movía con lentitud dramática.

Hay actos en estos días, que hacen que muchos inclinen el ánimo y fomenten las más nobles virtudes en eso de compadecerse de los trabajos, miserias y angustias ajenas. Un anciano cubano de 88 años, muy cerca de la muerte, en sacado del lodo por un joven nicaragüense en la Ciudad de Nueva Orleáns, trasladado a Dallas, es recibido y cuidado por una familia hondureña. Seres irreconocibles para los demás, ajenos por demás, que en medio de la tribulación y participes de la pobreza; hacen de su generosidad gestos simples. Dios pone en los corazones de los sencillos, abundante misericordia.

La Autopista I-45 camino al norte y buscando la ciudad de Dallas, se convirtió en un escenario proclive a las más amargas tribulaciones. Hambre, sed, tristeza por los bienes dejados atrás, impotencia por la lentitud en el andar, y temor a verse sorprendido por la tormenta que se acercaba en medio de las desprotegidas y congestionadas autopistas. Ese fue el escenario real.
En medio del caos y la desesperación; una mujer de origen mexicano de nombre Maria Juárez,-manejando su pequeña “troca”-, se hace presente allí en la Autopista donde están los menesterosos del momento, y ha viva voz, les ofrece a los desesperados aquellos: agua y comida caliente. Conversa, se detiene en cada una de las familias necesitadas y les orienta las posibilidades de albergue más cercanos. Por momentos recuerdo unas palabras leídas, esas que tanto se repiten; dichosos los misericordiosos, esos los que como Maria salen en busca del sediento. Les lleva agua a los niños y socorre con pan a los que huyen. Allí en la extensa y congestionada autopista I – 45; se produjo el milagro de la misericordia.

La imagen de Maria, dando de beber a los sedientos, y alcanzando un plato de comidas a los hambrientos. Las palabras suaves en el hablar y su sencillez de gestos; me hizo pensar de nuevo en algo que he leído, creo que dice así: “tuve sed y me diste de beber, tuve hambre y de diste de comer…’; no alcanzo a entender nada más. Tal vez no recuerdo, o no quiero recordar.

¿Cuantos contamos con tiempo, y no practicamos la misericordia?, ¿cuantos tienen la bendición de ser jóvenes y llenos de energía, y no extienden la mano a los necesitados?; ¿cuantos tienen tantos bienes que bien pueden compartir, pero no alcanzan a los menesterosos en un momento dado?; si, como esos asustados y desprotegidos de la autopista I-45.

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Tengo mala memoria, pero ahora si recordé algo que leí y quiero compartirlo con Uds.; “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia”. ¡Ahora si la cita esta completa! Pienso si Maria Juárez en algún momento de su Vida llegó a leer, o leerá estas palabras; las de la cita claro.

© Eloy González 2005

* Physician and Freelancer Writer.E-mail: eloy_gnzlz@yaho.com.
Publicado por buenavistavcuba @ 12:36
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