sábado, 10 de septiembre de 2005
“Don Rafa” Un cubano de 88 años, el refugiado más viejo que ha llegado al Metroplex. (Dallas-Fort Worth)

fotos.miarroba.com

Don Rafael Guevara, Nacido en Guantánamo-Cuba, es a los 88 años de edad, el refugiado más viejo de los que han llegado al Metroplex. Criado entre barcos mercantes y azotado por huracanes y tormentas; se resistía a salir de Nueva Orleáns pero fue rescatado a la fuerza; hoy, sin familia y adoptado por la familia Steinbring se niega a retornar a la que fue su casa por mas de diez años.
"No sabemos en cuanto tiempo regresar y si nuestras casas aún existen", comenta Linda Steinbring, una de las 20 mil sobrevivientes que llegaron hasta esta ciudad del Norte de Texas.
El drama de la señora Steinbring parece crecer cuando recuerda que no tiene a nadie en Texas. Ni amigos ni familiares, sólo a su esposo, a sus hijos, hermanas y sobrinas que llegaron con ella horas antes de que el fenómeno destructor les arruinara "El sueño Americano".
En la misma situación se encuentra Don Rafael Guevara, que tras soportar el "feroz embate" del huracán, aceptó el albergue que le ofreció la familia Steinbring aquí en Dallas.
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"Ya no quiero regresar, no quiero aguantar hambre, sed y frío", dice este hombre de 88 años de edad que logró atenuar con bicarbonato los efectos del calor, tras permanecer en el agua durante tres días.
"Don Rafa", como es conocido por la comunidad de Nueva Orleáns, fue rescatado del barro por Marlon Arana, un nicaragüense radicado hace pocos meses en esa misma ciudad.
"Fue difícil sacarlo, porque a pesar de que su casa estaba totalmente destruida y llevaba tres días sin comida y sin agua, estaba muy renuente a dejarla", agrega el joven de 28 años. "
Nativo de Guantánamo-Cuba, don Rafael, llegó a los Estados Unidos en 1990 y desde ese tiempo fue adoptado por la familia Steinbring. "No es fácil manejar a una persona de su edad, por momentos se porta necio y no entiende razones. Yo le rogué que abandonáramos la ciudad antes del huracán; pero el se negó hasta el final, y por la gracia de Dios está con vida", cuenta Linda.
La excusa del octogenario para permanecer en la que fue su vivienda por más de una década, parece obstinada, pero tiene sentido: "Yo estoy acostumbrado al paso de los huracanes en mi país y por eso no quise salir, pensé que se trataba de otro "ventarrón' pasajero y no le puse atención", dice con una mueca de nostalgia. "Recuerdo especialmente un huracán que azotó a Santa Cruz del sur en 1985 y causó muchos destrozos; sin embargo Katrina, no era un huracán, era el fin del mundo", señala el octogenario.

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Publicado por buenavistavcuba @ 15:23
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