Lunes, 05 de septiembre de 2005
Nueva Orle?ns; La Ciudad disuelta.

Por: Eloy Arnaldo Gonz?lez.
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Andar err?tico el del hurac?n Katrine, devenido en furiosa meretriz, bestia de vientos huracanados y lluvia intensa como de r?pido diluvio. Habi?ndose alimentado de extra?as energ?as en las c?lidas aguas del Golfo, arremeti? contra la ciudad de Nueva Orle?ns durante 6 horas,- para convertirla-, de lo que fue la otrora ciudad emblem?tica del Sur, en una ciudad disuelta.
Ciudad disuelta es ahora, cargada de gemidos y echada del arco de la costa, cuando fueron confundidas sus aguas. Su faz es la de un raro espectro de aguas y grises edificios, casas que asoman sus techos, donde se pasean,- en espacios de litigio-, seres desgarrados por la angustia y sumergidos en el caos y la desesperanza. Las calles se han convertido en r?os, donde flotan los cad?veres hinchados y mal olientes.
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Ciudad de riqueza, esplendor, disipaci?n y alegre m?sica; hoy ha visto bajar los ojos de los altivos. Los cad?veres han sido arrojados al medio de las calles, las mismas que han hecho desaparecer las aguas. Seres escu?lidos con rostros marcados y secados por la sed son ahora sus habitantes; sobrevivientes que no alcanzan a calmar su avidez de alimentos y de agua; en medio de un lodazal putrefacto y vac?o. Hay en la lejan?a lenguas de fuego que parecen tratar de consumir el rastrojo de lo poco que queda del esplendor de una Ciudad ahora disuelta.

El recuerdo de aquella Ciudad que conoc? , cuando la ve?a lejos all? en la brumas de la ma?ana camino a Mandeville, despu?s de recorrer los extensos humedales que la circundan al este y norte de la ciudad, para pasar tan r?pido como era posible por Metaire y transitar el largo puente de 23 millas sobre el Lago Pontchatrain, hasta Mandenville. La Ciudad era esa inmensa imagen de edificios, el enorme y redondeado S?per dome y el Mar; ese Mar en la distancia inmenso y protagonista como el R?o y los extensos pantanos; y el agua, siempre presente.
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El Nueva Orle?ns el Agua es heredad y escenario. Ahora, con el paso del hurac?n, es reinado absoluto. En ella se dan cita los gemidos, las agudas privaciones, las bestias de los pantanos y las v?boras. Fueron convocadas las aguas, -esas que braman con las fuerzas de los vientos-, las que eran parte de un Lago que descansaba al lado de la gran Ciudad, y el agua de los pantanos. Todas sin excepci?n fueron convocadas para hacer posible que la Ciudad fuera disuelta.
?Que ha sucedido para ver aquellos que huyen, los que andan sucios, descalzos, cargados de ropas h?medas y desechas? Im?genes duras nos han sido mostradas, el clamor de ayuda y los llantos no cesan; y hay dolor que espanta con todo lo que o?mos y vemos. Hay un espasmo colectivo de dolor y el horror nos ha alcanzado a todos, - a?n lejos de esta-, la Ciudad disuelta.
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?Que tienes hoy, Nueva Orle?ns de tantos sue?os; cuando los tuyos han subido sobre los techos y andan clamando ayuda? Tu que siempre fuiste una Ciudad de alboroto, Ciudad turbulenta, Ciudad alegre. Tus muertos, -estos los de ahora-, no son muertos de manos homicidas, ni eres escenario de guerra alguna. Sobre ti se ense?orean las aguas en las cuales muchos han encontrado la muerte; convirti?ndolo todo en una Ciudad Disuelta, en las aguas de muerte, horror y destrucci?n.
Dejemos llorar amargamente a aquellos que han sobrevivido, -porque los d?as son de confusi?n y asombro-, hasta tanto lleguen los d?as de consuelo.
Superado el caos inicial, sorprendidos por la vastedad de la destrucci?n y el abandono; han sido convocadas la generosidad y la paciencia, la bondad y lo pragm?tico. Pero sobre todo se ha hecho realidad la Solidaridad,- esa-, presente en una naci?n marcada por profundos sentimientos de Amor y de servicio a pr?jimo.
Pr?jimos hay en el camino a Jeric?. Se cuentan por miles los menesterosos, golpeados, hambrientos y sedientos; habiendo vivido la cercan?a del fr?o sepulcro, y a la espera de un gesto de compasi?n que no les falte.
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Llegan por miles a los centros habilitados para su atenci?n en el vecino Estado de Texas; con rostros angustiados y llenos de l?grimas se bajan de los ?mnibus para ser recibidos; -salen a encontrar al sediento-, un ni?o hispano alcanz? un recipiente con agua a una se?ora afro americana, -socorred con pan al que huye-, una joven americana abraza con compasi?n y cari?o a un anciano afro americano al momento en que le alcanza algo de comer. Se yergue al anciano, mira a lo alto y entre sollozos da gracias a Dios y a Am?rica por igual.
Al lado de la fila de los desplazados, una anciana americana, toca el viol?n con fruici?n, su semblante es tan amable, que hace volver el rostro de la joven afro americana que carga a un ni?o peque?o en brazos, una l?grima corre por su mejilla. En ese instante llego a comprender que la Esperanza le ha ganado la partida a la desesperaci?n. Otra vez el Amor muestra su se?or?o.
? 2005-09-05
Publicado por buenavistavcuba @ 20:47
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