El Poeta de Quivicán.
Por: Néstor Fernández
Hace algún tiempo, por allá, cerca de mi pueblo natal, Quivicán, caminaba por la orilla de ................
.......la carretera un gran poeta, repentista, pero además muy ocurrente. Su nombre no lo recuerdo, pero realmente las cosas que hoy están pasando en nuestro país me hacen recordar aquel momento donde el protagonista principal de esta historia era ese inolvidable y anónimo poeta.
Pues resulta que según el poeta se desplazaba tranquilamente sobre la hierba verde que cubre toda la orilla de la carretera, un camión lleno de trabajadores voluntarios que regresaban de una de esas jornadas de Domingo Rojo -esos “maravillosos domingos” a los que, con tanto fervor, iban los voluntarios a recoger tomates, coles o a hacer cualquier tarea que la Revolución necesitara-, al cruzarse con el afamado poeta, algunos simpáticos tomateros lanzaron varios tomates al poeta dejándolo totalmente embarrado.
El poeta, al verse en ese estado, se vuelve hacia el camión, piensa unos segundos y de pronto improvisa esta décima que quedó para siempre en la memoria de nuestro pueblo Quivicanero:
Sobre los camiones van,
desnudos, con tapa rabos
y tal parecen que están
contentos de ser esclavos.
Esos son los hombres bravos,
los que soñó Víctor Hugo,
seguidores de un verdugo,
que les niega hasta la luz,
no arrastrarán una cruz,
pero soportan un yugo.
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