Y aparecio el bombillo
Por: Enrique C. Carrillo.
Decía mi padre que cuando él ofrecía a un vecino un tallo de plátanos o una comida de malanga,

era porque la tenía bien asegurada en el pinol, porque el que ofrece y no tiene nada en sus manos, termina no dando nada.
En Cuba todo está al alcance de la mano, pero ocurre que nunca se sabe quién es el dueño.
Hace unos días llegaron a mi modesto aposento los trabajadores sociales. Después desfilaron por el lugar varios funcionarios locales para constatar "in situ" mis precarias condiciones de vida y situación económica, con el objetivo de "resolver" el asunto.
"Comencemos por aquí", dijo Abreu, "tiene oscuro el cuarto. Mire, tome este papel y vaya a ver a Pedro o a Teresa en el taller de Comunales para que le entreguen un bombillo incandescente de 100 watts", me dijo el hombre.
Allá corrí con aquel tesoro en las manos, porque ya imaginaba iluminada mi pocilga esa noche. Me presenté al portero y le dije a qué venía. El hombre gritó a viva voz, comunicándole a Teresa que le iba a pasar un viejito.
Ante la funcionaria, después de los saludos, le presenté el papel. Ella le preguntó a Bárbara si había bombillos en el almacén, pero Barbarita negó con la cabeza.
En eso Pedro, quien parecía el jefe superior me dijo: "Mire abuelo llévele esta autorización a Leonardo, el director de Comunales, para que él le haga una factura y allí le entreguen el bombillo".
"No está el director", dijo la recepcionista, y añadió: "Si usted quiere, deje el papel a su secretaria y venga más tarde a buscarla".
Regresé en la tarde, también al otro día y al siguiente, hasta que me cansé. El jefe nunca aparecía, quizás estuviera de descanso, pero nadie podía asumir su responsabilidad.
Le hice la historia a un amigo. Él se apiadó de mí y me regaló 40 pesos. Al fin tengo iluminado mi cuarto.
Enrique C.Carrillo. Escritor y Poeta, nacio en Palazon,
Buenavista,VC .Actualmente residen en la "Villa de los Laureles", Placetas.